El 9 de Octubre pasado, el suplemento “Economía & Mercado” del Diario El País, publicaba una entrevista al Dr. Jorge Grumberg, Rector de la Universidad ORT Uruguay. En ella el Dr. Grumberg analiza la actitud del país frente a los desafíos de la nueva economía, especialmente en lo que refiere a la educación necesaria para aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece el mundo. Quisiera transcribir un par de sus comentarios, que ponen de relieve una situación que para mí es sumamente preocupante:
Hacia fines del siglo XX comenzó en el mundo una transformación muy fuerte de las estructuras productivas hacia una sociedad basada en la información y el conocimiento. Empezaron a pesar menos ciertos factores que definían la riqueza de las naciones como, por ejemplo, contar con una gran fuerza laboral de bajo costo, disponer de materias primas abundantes o estar geográficamente ubicado cerca de los mercados consumidores. Así en pocas décadas varios países, con características comparables a Uruguay en cuanto a su tamaño, ubicación o población como Irlanda, Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Nueva Zelanda o Israel, se han refundado y logrado mejoras notables en su composición productiva, económica y social. Ellos han aprovechado esa ventana de oportunidades que significa la reconversión mundial hacia una sociedad que se basa en el conocimiento, la apertura comercial y el intercambio cultural y que está sustituyendo a una economía basada en los recursos minerales, las materias primas y el poderío militar.
Esto nos presenta un panorama donde un grupo de naciones está logrando excelentes niveles de desarrollo, cambios importantes, favorables a sus habitantes, aprovechando las posibilidades que las TIC ofrecen. Países que son muy similares al nuestro, por lo cual podemos deducir que nuestro país podría tener las mismas posibilidades. Sin embargo lo que pasa es otra cosa muy distinta.
Sin extendernos demasiado, una de las razones para nuestro retraso indudablemente es nuestra actitud en general, tanto de nosotros los habitantes del país como de nuestros gobernantes. Continúa el Dr. Grumberg:
-La sociedad uruguaya funciona muy jerárquicamente, pero esa organización piramidal no se adecua a la economía del conocimiento que es muy dinámica. Para ese nuevo mundo acelerado, imprevisible, siempre cambiante -diría que casi caótico- y no jerárquico, se requieren ciudadanos con iniciativa y creatividad. Por eso, algunas de las empresas más valiosas del mundo se fundaron hace muy pocos años, como es Google.
En cambio, en Uruguay estamos formando jóvenes, cuyo deseo es ser empleados y, sobre todo, funcionarios públicos. El fenómeno que hemos presenciado en las últimas semanas, cuando se presentaron más de 40.000 personas menores de 25 años para concursar por 400 o 500 plazas en el Banco de Seguros y el BROU, es un verdadero drama social. Esos jóvenes están invirtiendo tiempo y dinero en una preparación bancaria sui generis, que no existe en ningún lugar del mundo, para intentar ingresar a una institución estatal. Por un lado, no hay suficientes profesionales y técnicos para cubrir la demanda laboral de la industria informática local; pero, por otro lado, hay una legión de jóvenes subempleados o desempleados dispuestos a trabajar en la lavandería de una empresa del Estado. Sería mucho más positivo para ellos y para el país que esos miles de personas estuvieran pensando en cómo crear una microempresa, cómo cursar una carrera técnica o cómo hacer una pasantía en industrias competitivas. La capacidad intelectual de 40.000 jóvenes es un capital muy valioso para una sociedad despoblada y envejecida. La solución del empleo burocrático para su vida laboral no es aceptable si queremos acceder a la economía del conocimiento.
-En lugar de hacer esos llamados a concurso para empleados públicos, la sociedad uruguaya tendría que capacitar a las nuevas generaciones en los principios empresariales básicos, ofrecer apoyo bajo la forma de “capital semilla” y acceso a “incubadoras de empresas” para emprendedores sin capital propio a efectos de que puedan lanzar pequeños emprendimientos a través de distintos mecanismos con participación de instituciones como la Bolsa de Valores, la Corporación Nacional para el Desarrollo, la Dinapyme o cámaras empresariales. Los recursos que se inviertan en esquemas de emprendimiento, formación y creatividad serán recuperados con creces como la experiencia internacional demuestra. Allí está la riqueza del país porque la sociedad del conocimiento necesita ciudadanos que tengan iniciativa, creatividad y aspiren a ser emprendedores, en vez de querer desempeñar tareas programadas, rutinarias, sin iniciativa y sin horizontes de desarrollo.
Particularmente creo que el Software Libre puede ser un instrumento de altísimo valor para desarrollar nuestra economía en base al conocimiento. Desde mi humilde posición me propongo “evangelizar” en estas cuestiones para que nuestra juventud pueda aprovechar lo que se nos ofrece y lograr un buen desarrollo, tanto económico como profesional, aportando al crecimiento del país.